El modo viaje, por David Beut

Artículo escrito por David Beut, fotógrafo español.

Entrando en el «modo viaje»

Acostumbro a fotografiar las calles, pero no siempre son atractivas. El hecho de conocer el aspecto del paisaje que nos rodea, hace que lo veamos con ojos cansados de mirar. Esto no sucede cuando viajamos o cambiamos de lugar, porque lo desconocido nos suele sorprender y atraer al mismo tiempo. 

No descubro nada nuevo, si digo que la clave para encontrar el estímulo a seguir fotografiando sería que todo nos asombrase como cuando es nuevo. A esto le llamo el modo viaje, y es algo que intento conseguir cuando estoy poco inspirado. 

Unos meses atrás, andaba en busca de algo con lo que entretenerme. Me propuse fotografiar repetidas veces lo feo y conocido, para forzar mi creatividad, si la hubiera. Nada daba resultado hasta que, un día, me detuve ante una parada de autobús porque la luz que caía sobre un cristal provocaba una serie de texturas y reflejos que me atrajeron. No era nada nuevo, nada original e incluso algo manido, pero por casualidad se activó en mí el modo viaje.  Desde ese instante empecé a ver las paradas de los autobuses de otro modo, dado que nunca antes me había fijado en ellas. A partir de esa toma observé: el comportamiento, las acciones y los sentimientos de la gente que esperaba. Imaginaba a dónde irían, cuáles serían sus profesiones o qué les preocuparía.

En alguna ocasión hablé con la gente que esperaba el transporte. Me contaron los hábitos que tenían y sus rutinas. Mucha gente utilizaba el teléfono para matar el tiempo y para no entablar conversación con el vecino. 

© David Beut

«Había fallecido un familiar la noche anterior»

La única conversación que recuerdo más interesante, fue la que mantuve con un hombre al que fotografié en una parada de autobús y que estaba completamente abstraído. No se percató de mi presencia, y eso que estaba pegado a él. Cuando por fin lo hizo se asustó y salió del trance; le pedí disculpas. Le dije que le había fotografiado y le conté lo que estaba haciendo. Él me respondió que estaba ensimismado porque había perdido a un familiar la noche anterior. Le pedí de nuevo disculpas y me dispuse a borrar la foto, a lo que él se negó, añadiendo que a él de joven también le gustaba la fotografía. Al verla me dijo que había captado su atontamiento, pero que estaba subexpuesta, y razón tenía. Esa imagen nunca saldrá de mi ordenador, y la guardo con especial cariño por la amabilidad que el hombre me mostró.   

El reflejo fue el detonante para encontrar qué fotografiar y para que las paradas ya no fueran un elemento urbano más del montón.

¿Cómo encontrar un detonante y entrar en el «modo viaje»? No busques el orgasmo, encuéntralo.

Me decía una amiga sexóloga: “no busques el orgasmo, encuéntralo”. Y esto que parece una sentencia abstracta tiene todo el peso y una parte muy concreta, porque si no te pones manos a la obra dudo que encuentres nada. La sentencia también hace referencia a no estresarte por lograrlo, a cambio de disfrutar del trayecto sin ir en busca del final. 

Pues eso debería sucedernos con la fotografía, debería ser mayor el placer del recorrido que la llegada. 

Vamos a intentarlo. «No tengo nada que fotografiar porque ya conozco mi ciudad y lo que es peor, a la gente de mi ciudad. Todo me es aburrido y necesito viajar para ver cosas nuevas». 

Este veredicto nos lo hemos repetido en cantidad de ocasiones. Si revisamos nuestras imágenes, las que ya están editadas, es muy probable que coincidan en el tipo de focal usada, en la velocidad de obturación, en los motivos a retratar o en los modos en los que uso la cámara. Esto lo hacemos porque nos produce tranquilidad, ya conocemos los resultados y eso nos tranquiliza. Para mí es un error, ya que estamos buscando el orgasmo en lugar de encontrarlo. 

© David Beut

Como hemos utilizado la técnica que conocemos, sabemos que alguna, al menos alguna quedará bien. Luego la podremos mostrar y recibir los aplausos. Has hecho lo mismo de siempre, repitiendo la misma mecánica y has conseguido tu reconocimiento. ¿Te gustó el camino recorrido? Si es así, te doy mi más sincera enhorabuena y probablemente seas tú el que tengas que contarnos el secreto de esa felicidad. 

En general, intento saltarme las normas: es más divertido. Realizo cambios a la hora de disparar y en el procesado. Lo hago con la intención de viajar, sin conocer el final, e intentando que esa ruta me sea placentera, y que me traiga un detonante que me motive a continuar fotografiando. Y si luego llega el orgasmo, pues mejor que mejor. 

Cuando empezamos en esto de hacer fotos nuestra mayor preocupación es la parte técnica. Como estamos aprendiendo cualquier cosa que quede decente y bien expuesta nos gusta y parece magia. 

Pasado el tiempo empezamos a ver los trabajos de otros y luchamos por conseguir sus resultados, creo que esto es un error dado que de nuevo trabajamos para un final en lugar de disfrutar del trayecto, donde quizá algún detonante aparezca y haga de nuestra obra algo único, o al menos nuestro.

A menudo intento inventarme fotos, situaciones que me gustaría encontrar para captarlas. Recreo cómo sería la luz, qué sujetos habría e incluso cómo la procesaría. Con esto, además de echar el rato, lo que estoy haciendo es decirle al cerebro que viaje y que intente entrar en mi ansiado modo; “el modo viaje”. Ahora te toca a ti. Es el momento de poner a funcionar tu cerebro y ver lo que hay más allá, lo que otros no ven y que te hará ser más creativo, pero si no consigues ser el más original o muchos aplausos, no te preocupes, recuerda que lo mejor será el trayecto y no llegar al destino.    

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