José Cedeño: la voz detrás de las fotografías

José Alfredo Cedeño es un fotógrafo venezolano que ha llevado su talento al sur del continente. En Chile, José fotografía la calle y la cotidianidad de las personas que encuentra en esta, en un constante juego entre sombras, colores y contrastes. Y a parte de fotógrafo de calle, José es también cofundador de Melao Estudio (@melao.estudio), un estudio creativo de fotografía gastronómica que vale la pena descubrir.

Continuando con nuestra serie La voz detrás de las fotografías, nos complace hoy presentar la entrevista que le hicimos a este talentoso fotógrafo, acompañada de imágenes de su autoría.

Para descubrir más sobre José y su trabajo, al final de la entrevista tienes enlaces útiles hacia sus redes sociales y página web.

© José Alfredo Cedeño

Cuéntanos un poco sobre ti.

Mi nombre es José Alfredo Cedeño Serrano. Tengo 27 años de edad. Nací en la ciudad de Barcelona, estado Anzoátegui – Venezuela. Viví hasta los 9 años en Puerto La Cruz y luego hasta los 23 años en un pueblito llamado Puerto Píritu. 

Después emigré a Santiago de Chile en el 2016, en donde resido desde entonces hasta ahora. Soy titulado de Administrador de Empresa y actualmente trabajo como Analista Contable en una Universidad. 

¿Cómo fueron tus inicios en la fotografía?

Siempre digo que me topé tarde con la fotografía y casi como un autodescubrimiento. En mi familia no hay ninguna persona, que yo conozca, que haya desarrollado esta actividad o alguna otra similar. Mi padre era empresario del área industrial, mi madre educadora de bachillerato y mi hermano operador de montacargas. En el ambiente familiar siempre se promulgaba que había que ser ingeniero, o abogado, doctor o cualquier otra carrera tradicional, que garantizara estabilidad laboral. Así que no hubo desde mi núcleo familiar una influencia directa sobre la fotografía. 

Pero en el fondo, yo siempre tuve cierta atracción por las expresiones artísticas. De pequeño practicaba mucho el dibujo, y luego más adolescente escribía mucha poesía. En un momento consideré estudiar algo relevante a la escritura, pero las circunstancias del país me obligaron a elegir una carrera con mayor campo laboral. Misma situación país me forzó a buscar mejores oportunidades en otras tierras y llegué a Chile. Acá empecé a perder el miedo, que en Venezuela existía y existe por la inseguridad descontrolada, de sacar el celular en la calle para hacer fotos. Los  primeros días que salía a la calle a dejar currículos para conseguir trabajo, aprovechaba también de hacer fotos a las edificios, a la cordillera, a los monumentos, y a todo lo que me parecía interesante. Todo me era nuevo y llamaba mi atención. Sin embargo, no tenía noción de composición, ni de encuadre, ni de lenguaje visual ni muchos menos de fotografía de calle. Pero poco a poco me di cuenta que era algo que disfrutaba y me relajaba mucho. En ese entonces yo hacía fotografía de calle sin saber que existía tal género. 

Así estuve haciendo fotos con el celular aproximadamente por un año y medio. Paralelamente empecé a leer sobre los conceptos fundamentales, ver tutoriales en YouTube, asistir a charlas de fotografía básica, ver el trabajo de otros fotógrafos y aprender sobre revelado digital. 

Después de un par de meses más, tomé la decisión de comprar mi primera cámara réflex y la cosa se puso más difícil e interesante. Me tomó un tiempo manejar con claridad los controles y mecanismos del equipo. Ya una vez aprendido, me sentí en armonía con la cámara. Entonces asistí a muchas juntas de fotógrafos y modelos para realizar retratos de tipo comercial, publicitario y editorial. Aprendí mucho sobre expresividad, pose y como trabajar la postura de la o él modelo. Pero en el fondo no me llenaba tanto como cuando salía a las calles sin ruta planificada a retratar la ciudad y su gente en su cotidianidad. Había algo en las calles que me atraía, pero aún no sabía que era. 

Hasta que un día vi un documental llamado “Everybody Streets” o “Todos a la calle” que me emocionó tanto y me hizo entender que eso era lo que quería hacer: Fotografía de calle. Desde entonces salgo a la calle, cámara en mano, consciente de que lo que me apasiona es captar lo poético en la cotidianidad. Por eso considero que la fotografía, en general, fue un autodescubrimiento que me ha enseñado a ver las cosas con otros ojos, a redescubrir la luz, las formas, los colores, la simetría y a mirar lo extraordinario, en lo que para la mayoría puede ser algo ordinario y común.

© José Alfredo Cedeño

¿Cuál fue tu primera cámara?

Mi primera cámara fue la del celular, específicamente la de un Huawei P8 lite que recuerdo con mucho cariño y con el que empecé a coquetear con la fotografía. Luego pasé a un Huawei P9, y por último un Huawei P20. Después de un tiempo de usar distintos modelos de celulares, sentí que quería intentarlo seriamente con una cámara más profesional. Fue cuando compré una Canon Rebel T6, que usé por un año y medio aproximadamente. Es una cámara económica y muy buena para empezar en la fotografía. Sin embargo, me di cuenta que para andar en la calle necesitaba algo más discreto, liviano, silencioso y que me diera igual o mejor calidad de lo que ya tenía con la réflex  de Canon. 

Así que estuve un tiempo investigando sobre las cámaras sin espejo, y fue cuando descubrí los modelos de la serie X de Fujifilm. Me cautivó su diseño, lo compacto y silencioso que eran, la calidad de sus objetivos, y en especial la magia de sus colores, traducidos en sus simulaciones de películas, que emulan los famosos carretes analógicos de épocas anteriores. Fue entonces que logré adquirir uno de sus equipos de segunda mano en muy buen estado y a un muy buen precio: La XE2 con un objetivo Kit Fujinon 18-50mm F2.8, y luego pude adquirir un objetivo fijo Fujinon 35mm F2, que es el que uso el 90% de las veces. Aunque me encuentro muy cómodo en esa última distancia focal, he notado últimamente que mi visión compositiva viene mutando y me encuentro en algunos momentos deseando tener una focal más angular, como un 23mm idealmente, para componer con más elementos en la escena. Seguramente con el tiempo salga de esa duda.

¿Por qué Chile?

Elegí Chile porque en ese entonces sus políticas migratorias eran bastante más flexibles, comparadas con el resto, y también porque gozaba de una de las mejores economías de Latinoamérica. 

¿Por qué la fotografía de calle?

Siento que me incliné en principio por la fotografía de calle porque me resultaba una actividad muy terapéutica y sencilla de hacer. Solo necesitas unos zapatos cómodos, un celular o una cámara y ganas de caminar. No importa si es una metrópolis, una ciudad pequeña, un pueblo. Siempre hay algo mágico en las calles de un lugar, y en especial de su gente. Puede ser una luz en particular, la expresión de una persona, algún patrón de color o forma que resulta interesante. Siempre hay una historia oculta en cada escena de la vida diaria que me emociona y siento que merece la pena rescatar. 

Al mismo tiempo, me atrae mucho el poder visual que puede existir en una imagen espontánea e irrepetible. El simple hecho de regresar a casa, después de una o dos horas de patear calle, aunque sea con una sola imagen que haya logrado atrapar toda esa magia, me emociona poderosamente. En el fondo, la fotografía de calle me ha enseñado a mirar de una manera diferente todo lo que me rodea y que, de lo más común, también se puede sacar algo interesante.  

¿Qué o quiénes han influenciado directamente tu trabajo?

Considero que mi trabajo constantemente está mutando, en concordancia con la búsqueda de mi propia voz y estilo; pero reconozco que últimamente siento una gran influencia en mí del trabajo de fotógrafos como Alex Webb y David Alan Harvey. Disfruto mucho de esa fusión entre lo documental y la visión de calle que ambos poseen. 

También rescato mucho la influencia del fotógrafo español Jota Barros, en especial, su visión filosófica que tiene sobre el ejercicio de la fotografía y la narrativa visual. Considero que su blog es uno de los mejores para comprender y aprender el género de calle desde una perspectiva más reflexiva y personal.

De la misma manera, la fotografía del venezolano Lenny Ruiz me ha enseñado mucho y me ha dado una visión diferente de las calles de Venezuela, que espero algún día retratar también. 

Asimismo, bebo muchas referencias del cine y las películas. Particularmente del juego de paletas de colores, los planos y la edición empleada en la gran pantalla. 

Y por último, pero no menos importante, de mi relación actual. De la cual he aprendido a desarrollar historias desde la cotidianidad del hogar. La considero una de las mejores Storyteller que he conocido, y que más admiro.

De las fotografías que has capturado, ¿hay alguna que consideres tu preferida? ¿Por qué?

Es difícil elegir una sola foto porque hay muchas que me han regalado grandes emociones, así que creo que haré trampa esta vez – [jajaja] – y sin duda rescataría 3 fotos, cada una por una razón especial:

© José Alfredo Cedeño

La Mujer del abanico: Esta foto me gusta mucho por la historia detrás de su captura. Yo me encontraba en la Plaza de Armas de Santiago, a plena luz del mediodía y era verano. Lo cual hace que la luz sea bastante dura y los contrastes entre sombras muy marcados. Me encontraba viendo los artistas callejeros que siempre deambulan en esa zona, cuando a los cinco minutos, frente a mí, vi una señora que ocultaba su cara de los rayos del sol con un abanico. Automáticamente vi la foto en mi cabeza. Yo estaba en un círculo de personas que miraba el show callejero, y la señora estaba cruzando por el otro lado frente a mí. Salí como pude, prendí la cámara, y empecé a seguirla a de manera paralela a su recorrido y esperando que no quitara su abanico de la cara. De repente, vi que en el fondo de la escena había un escrito en la pared que reflejaba el contexto político y social que estaba pasando Chile en esos días. Acto seguido hice la foto y lo que vi me emocionó profundamente.

© José Alfredo Cedeño

La dama entre las sombras: Esta foto también la rescato entre mis favoritas porque constituye un resumen de lo que ha venido siendo mi trabajo fotográfico, y que sirve de portada de mí primer fotolibro impreso llamado Isolation. Constituye una radiografía del aislamiento visual y poético de la gente con la luz y las sombras en su entorno, hasta desvirtuarse de su banalidad. Una recopilación de mis fotografías de calle hechas entre el año 2018 y 2019, en el que pude reconocer una uniformidad en esta temática en mi trabajo.

© José Alfredo Cedeño

Siluetas misteriosas desde las dunas de Concón: Esta última foto la considero especial para mí, porque me trae recuerdos de un maravilloso viaje que hice junto a mi novia y un par de amigos a las dunas de Concón, ciudad costera situada en la región de Valparaíso, desde donde se puede apreciar un espléndido atardecer con vista al mar.  

La segunda razón tiene que ver con el momento en el que hacía la foto. Estábamos mi novia, mis amigos y yo caminando las dunas para llegar al punto más alto desde donde veríamos el atardecer. En un momento mi novia hizo una pausa mientras caminábamos, colocando su cara de perfil mirando al horizonte. Yo tenía el rostro directo a la posición de sol, pero justo ahí noté que la luz pasaba por los cristales de los lentes de mi novia, dando un efecto de resplandor muy interesante. 

De inmediato encendí mi cámara, la subí a la mirada con la mano derecha, mientras con la mano izquierda me cubría el rostro para evitar encandilarme. Justo en el momento en que iba a hacer la foto, noté que surgió una silueta misteriosa en uno de los tercios izquierdo del encuadre, que logré ver con mi ojo izquierdo descubierto mientras componía. De inmediato, reencuadré para incluir este nuevo elemento en la imagen que en ese momento parecía estático. Clic. Hice la foto. Y para mi sorpresa, cuando revisaba la imagen en la pantalla, la persona al fondo había hecho un movimiento perfil opuesto a la cara de mi novia que estaba en mi primer plano, que considero potenció muchísimo la imagen final, regalándome una alegría tremenda.

Si tuvieras un consejo para alguien iniciándose en la fotografía de calle, ¿cuál sería?

  • Mirar muchas fotos, pero no caer en la sobresaturación de imágenes para conservar también nuestra propia esencia.
  • Estudiar a los grandes fotógrafos de la historia: Cartier-Bresson, Robert Frank, Vivian Maier, Joel Meyerowitz, Saul Leiter, entre otros. Revisar su trabajo y analizarlo con detalle para aprender de sus procesos creativos y de cómo manejan la narrativa visual. Eso nos ayuda a entrenar nuestro ojo.
  • Ver mucho cine. Se puede aprender muchísimo de las películas si se mira con detalle.
  • Ser constantes y pacientes. Hacer muchas fotos, sin importar si consideras que son malas. Lo importante es ir soltando la mano y perdiendo el miedo. 
  • Vuélvete invisible. Pasar desapercibido y mezclarse con el entorno que nos rodea cuando se sale a la calle. Deambular mucho y estar atento a nuestra intuición.
  • Menos es más. Procura dejar solo en la composición solo lo que realmente le sume valor a imagen.
  • Está bien aprender los controles y los tecnicismos, pero no te obsesiones con ellos.
  • Nunca te olvides de disfrutar el proceso creativo.
  • Haz fotos que te a ti gustaría ver y no para complacer a otros.
  • Usa zapatos cómodos.

Por último, ¿qué haces durante esta cuarentena?

Me ha tocado trabajar desde casa de manera remota. Pero también aprovecho de ordenar archivos fotográficos viejos, terminar cursos online que tenía a medio camino, leer libros, trabajar en el desarrollo de mi portafolio digital y mi propia página web. Asimismo, he estado experimentado la fotografía de autorretratos y documental. Considero que estamos pasando por un contexto histórico que parece obligarnos a reflexionar y a explorarnos interiormente. Más allá de todo eso, intento mantenerme sano física, psicológica y emocionalmente durante estos días de tanta incertidumbre.

Descubre el trabajo de José a través de las redes sociales, o visita su sitio web: