Pedro Herrera: 25 años en Venevisión

CARACAS, Venezuela. — Pedro entró en la cadena televisiva venezolana, Venevisión, gracias a un jalón. El primer día de trabajo le dijeron que no tenían nada como camarógrafo, que era la experiencia con la que el contaba, pero que había, sin embargo, un puesto administrativo. Casi enseguida y sin plazo de prueba, a Pedro le dieron su badge de identificación y su número personal. “Llegué, como se dice, en paracaídas”, dice Pedro al recordarlo.

Al comienzo, a Pedro lo ubicaron en los estudios en donde grababan los noticieros. “Yo tenía que estar en todo”, explica Pedro. “Había un formato y yo tenía que saber los nombres de todo el mundo: el director, los actores, los extras”. De la misma forma, Pedro tenía que anotar en su informe si se cumplían o no los horarios establecidos. “Si había alguna falla, fuera técnica o humana, yo debía reportarla para que no se repitiera”. Si la televisión brincaba tres veces, si el locutor se equivocaba en su monólogo: Pedro debía tener la mano sobre cada detalle, por más insigificante que pareciese. “Todo era dinero”, dice él. “Si se dejaba de grabar durante un minuto, ese minuto lo pagaba Venevisión, lo pagaban los Cisneros”.

Venevisión se fundó oficialmente en Caracas en 1960, cuando el entonces presidente Rómulo Betancourt le propone al empresario Diego Cisneros que compre Televisa, para ese momento en quiebra. Para febrero de 1961, Venevisión inicia su primera transmisión, a la que le seguiría medio siglo en la historia de la televisión venezolana.

“Todos los días le entregaba un informe a mi superior”, continúa Pedro. “Éramos seis en función en el estudio”. De allí, Pedro pasó a Estudios Dramáticos. “Es decir, novelas”, dice él. A diferencia de los noticieros, en las novelas Pedro se vio forzado a hacerle frente a muchos actores por distintos motivos. Principalmente, porque no seguían el horario dispuesto. Él tenía entonces que preguntarle al director por qué no se estaba grabando, así como anotar a qué hora empezaban y terminaban los ensayos y asegurarse de que este horario se cumpliera. “Tenía que indagar quién había metido la pata”, dice él, “si había sido la maquilladora, o el técnico de iluminación o el actor. Y así estudio por estudio”.

Una vez, Pedro se confrontó a una de las actrices. Estaban grabando en el Gran Café de Sabana Grande, una urbanización caraqueña. “Ella no le hacía ningún caso a la grabación por estar firmando autógrafos”, cuenta Pedro. “Me le tuve que acercar y decirle a su asistente lo que pasaba. Luego ella se lo dijo a la actriz”. Minutos más tardes, Pedro se enteró de que la actriz le había dicho al supervisor que él la había insultado de mil maneras. Este le dijo a la actriz: “Si me lo dice de otro, se lo creo. Pero no de Pedro Herrera.”

Fachada del edificio de Venevisión. / Archivo.

Los contrastes

Había quienes decían que si yo estaba en producción, ellos no iban a grabar. Yo le explicaba la situación al administrador, Jaime Pérez, y él decía: ‘Pues no graben. Este señor se queda. Él está cumpliendo con su trabajo.’ Veinticinco años, y ni un día llegue tarde ni falté a trabajar. ¿Puedes creerlo?”

El motivo por el cual algunas personas no querían trabajar con Pedro, o más bien bajo su observación, es porque él, realmente, cumplía con su función. Si se desviaba dinero por motivos sospechosos, Pedro lo reportaba. Si no se grababa porque uno de los actores estaba ebrio, Pedro lo reportaba. Todo iba en su reporte, y ese reporte pasaba luego a sus superiores.

“A veces tenía que quedarme hasta las 2 de la mañana escribiendo un reporte”, dice Pedro. “Luego me iba en taxi a mi casa”.

Pedro no participaba en corruptelas, y las denunciaba porque era su trabajo. Es por ello que la directiva de Venevisión lo tuvo siempre en muy buena estima. Sabían que era honesto y que podían confiar en su trabajo.

Hoy en día, Pedro mira hacia el pasado y recuerda la época dorada de
Venevisión. “Regalaban carros, viajes, cocinas. Yo una vez me gané una cocina”, dice él. Pedro recuerda también que, en la época, le decían que era idéntico al actor Charles Bronzo. “Todo el mundo me lo decía”, dice.

Cuando le preguntamos por qué decidió abandonar Venevisión, nos imaginábamos cuál sería la respuesta. “Estaba cansado”, dice Pedro. “Era lo mismo todos los días, y ya el cuerpo no aguanta como antes. Llegó un momento en que me dije: Prefiero que me caiga un coco en la cabeza en la playa, a que sea un foco en el estudio”.

A sus 78 años, Pedro aparenta ser más joven. Concordamos con él a que se lo debe a su buena actitud y a su forma de ver la vida. Su humor criollo, típico del venezolano, pone una sonrisa en el rostro a cualquiera con quien se cruza.